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RESUMEN DE LA FORMACIÓN DE LA OFS DE CATALUNYA, DEL 27 DE MARZO 2021.

 FRANCISCO JAVIER CONEJO, OFS

 

El tiempo que nos toca vivir no es mejor ni peor que otros momentos del pasado. Juan Pablo II en la exhortación apostólica para la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo nos decía: “Hay que mirar a la casa de este mundo con sus valores y sus problemas, sus inquietudes y sus esperanzas, sus conquistas y sus derrotas…”Hemos de ser capaces de mirar a nuestro mundo con espíritu cristiano y franciscano: con realismo, pero con simpatía y esperanza, en la certeza, de que el amor de Dios no disminuye y continúa animando, en este mundo y en este tiempo.

La casa de nuestro mundo.

El Papa Francisco en su última encíclica, Fratelli Tutti (Todos hermanos) título inspirado de las admoniciones de san Francisco, de una manera valiente denuncia: Estamos en la sociedad del descarte el Papa Francisco habla de ella como “una cultura de exclusión a todo aquel y aquello que no esté en capacidad de producir según los términos que el liberalismo económico exagerado ha instaurado”. Nos encontramos con en el fenómeno desconcertante de los nuevos sistemas nuevos de información, comunicación, finanzas, producción; son fenómenos positivos, pero ambivalentes.

El término ambivalente lo puedo explicar mejor a través de ejemplos: Está muy difundido el sentido de conexión internacional, se puede hablar con video conferencia con personas de otros continentes; pero falla la interconexión con las personas más cercanas, hay poco diálogo en la familia… Aumenta el número de los que usamos internet, pero no se reduce el número de analfabetos. Hemos ido y vuelto a la luna y somos incapaces de cruzar el rellano, para conocer al vecino e interesarme por él. Podríamos resumir nuestro tiempo con las palabras de Ortega y Gasset en su libro La rebelión de las masas”: “vivimos en un tiempo que se siente fabulosamente capaz para realizar, pero no sabe qué realizar. Domina todas las cosas, pero no es dueño de sí mismo. Se siente perdido en su propia abundancia. Con más medios, más saber, más técnicas que nunca, resulta que el mundo actual va como el más desdichado que haya habido: puramente a la deriva.”

Parecería que este tiempo sólo pone problemas y obstáculos inalcanzables a nuestro deseo y a nuestro compromiso de encarnar el evangelio, que propone valores irrenunciables de solidaridad, de gratitud, tanto en opciones personales como de fraternidad. Nada más lejos, estamos invitados a responder adecuadamente a los signos de nuestro tiempo, no debemos temer a nuevas y audaces iniciativas o propuestas, para poder concretar con fantasía y creatividad, nuevos caminos para nuevas situaciones.

Qué puede ofrecer la OFS o la fraternidad local de la OFS a la sociedad actual:

Frente a una sociedad dispersa y llena de depresiones, ofrecer y testimoniar una fraternidad de experiencia de oración y contemplativa.

Toda acción cristiana y franciscana tiene que partir de una experiencia personal del Dios-AMOR. No podemos anunciar algo que no hemos experimentado. Ni a nivel personal, ni a nivel de fraternidad. Hemos de tener encuentros con Él y también en fraternidad.

Frente a una sociedad enferma que da la espalda al dolor y es “analfabeta” en el cuidado de los débiles y frágiles, estamos llamados, como el buen samaritano a ser cercano al otro.

Superando prejuicios, intereses personales, barreras históricas y culturales. Todos somos corresponsables en la construcción de una sociedad que sepa incluir, integrar y levantar a los que han caído o están sufriendo. El Papa exhorta a los cristianos a reconocer a Cristo en el rostro de los excluidos.

Frente a una sociedad solitaria, enganchada a MP3, móviles, ordenadores, la fraternidad de la OFS ofrecer y testimoniar FRATERNIDAD.

La fraternidad nace cuando se pasa del yo al nosotros. Pero el “nosotros” no nace sencillamente del dato de realidad que me dice que además del yo existen otras personas. Para que se dé el “nosotros” debo aprender a perderme y encontrarme en otros. Este dinamismo difícil necesita el aprendizaje de la convivencia, de la coexistencia, del compartir y el convivir. Todo esto se hace con respeto, escucha, diálogo, amor…

Frente a una sociedad cómoda y asentada, ofrecer y testimoniar la fraternidad itinerante. (Actitud misionera)

Esta itinerancia nos tiene que conducir al encuentro con los “leprosos” de nuestro tiempo, como dinamismo constructivo de conformarse al modo de ser de Cristo y es prueba de nuestra conversión.

Frente a una sociedad negativa y pesimista, ofrecer y testimoniar una fraternidad local alegre, esperanzadora y positiva.

La fraternidad local tiene que saber mirar a la sociedad con una actitud positiva y evangélica.

Frente a una sociedad intolerante, ofrecer y testimoniar una fraternidad local dialogante.

El diálogo es el nuevo nombre de la caridad, y urge hoy por el pluralismo religioso, las exigencias por la paz y la promoción humana.

Conclusión: una misión abierta

En esta sociedad que sufre y trasmite signos de esperanza, se pide a las fraternidades locales de la Orden Franciscana Seglar, ser promotores de una nueva cultura de esperanza y solidaridad. Debemos superar los egoísmos a favor del compartir, la cerrazón a favor del diálogo y la colaboración. Gracias a muchos hermanos de la Orden Franciscana Seglar, muchas fraternidades locales ya están en este camino. Animar a las que aún no han comenzado. Y tener muy presente que para este camino necesitamos paciencia, determinación, confianza y perseverancia.

La credibilidad y fuerza evangelizadora de nuestras fraternidades locales, dependen de nuestra apertura a la solidaridad, a la gratuidad, al compartir recursos y esperanzas.

En una sociedad en la que no es fácil anunciar el Evangelio con palabras, es decisivo nuestro testimonio de un Dios que es “el bien, sumo bien, todo bien”. (Admonición 3).



 

- ARTICLE ESCRIT PER FRANCISCO JAVIER CONEJO, OFS,
PUBLICAT AL BUTLLETÍ DE L’ORDE FRANCISCÀ SECULAR DE CATALUNYA.
ANY 26 – MAIG 2021 - NÚM. 244.

DESDE MI RINCÓN (Marzo 2021)

 FRANCISCO JAVIER CONEJO, OFS


Me gustaría compartir con vosotros un extracto de la ponencia: “Regálate”. Itinerario para vivir la vocación con pasión y misericordia, de Fray Manolo Buiza, franciscano menor, que expuso en el curso de Formación de enero, cuyo lema del curso fue: viviendo y regalando nuestra vocación: “Ser Franciscano Secular”.

1ª Parada: la gracia de la vocación

La vocación del franciscano seglar tiene poco de esfuerzo, mérito, interés, de protagonismo… y mucho de dejarse hacer, de dejarse llevar, de dejarse amar por el protagonista… Dios.

Los hermanos y hermanas llamados a la vida franciscana en la Fraternidad Secular, emiten su Profesión dentro de una celebración específica según el Ritual propio de la OFS. Este aspecto no se debe descuidar, pues la celebración constituye el momento fundante del ser del profeso y, simultáneamente, es la premisa dialógica para una respuesta a la acción de Dios.

a) El regalo de la Profesión por gracia de Dios

Quien emite la Profesión en la OFS dice: “Habiendo recibido esta gracia de Dios, renuevo las promesas del Bautismo y me consagro al servicio de su Reino” (Rito de la Profesión).

La dedicación al servicio del Reino se realiza porque es el Señor quien da la gracia de consagrarse a la causa del Reino.

b) La Profesión es gracia y don del Espíritu.

No sólo el Espíritu Santo es la fuente de la vocación de los franciscanos seglares (Consant Gen. 11), pues ellos son impulsados por el Espíritu a alcanzar la perfección de la caridad en su estado seglar (Regla 2); la Profesión es también obra del mismo Espíritu. Por tanto, las “Notas preliminares” (n.7) del Ritual afirman que “el ritual OFS ha de manifestar claramente el don del Espíritu y el propósito (intención) de vida evangélica propio de la Orden Franciscana Seglar”.

La referencia subraya primero el don del Espíritu y, después, el propósito de vida evangélica, pues esto no se podría pensar y tampoco sería posible sin la previsora e inspiradora gracia del Espíritu. Por esta misma razón, los candidatos declaran su propósito de vida evangélica después de que sobre ellos ha sido invocado el Espíritu Santo: “Te rogamos, Señor, que mires a éstos tus siervos e infundas en sus corazones el Espíritu de tu amor, para que, con tu gracia, puedan mantener el compromiso de vida evangélica” (Ritual II, 30).

2ª Parada: la consagración:” Somos suyos”

La Consagración del Franciscano Seglar: “Somos suyos. Estamos en buenas manos

La fórmula de la Profesión en la Orden Franciscana Seglar recita:

«Yo, NN., habiendo recibido esta gracia de Dios, renuevo las promesas del bautismo y me consagro al servicio de su Reino» (Ritual II, 31)

Previamente, las «Anotaciones Previas» del Ritual afirman:

«Esta es la naturaleza del compromiso de vida evangélica: renovación de la consagración y las promesas bautismales y de la confirmación. Esto significa: consagración a Dios, en su Pueblo, con todas las consecuencias que de ello dimanan en relación con la vida de unión con Dios y su proyecto de salvación, mediante una consagración, que ha de ser vivida en el mundo» (14a).

El verbo consecrare y el correspondiente sustantivo consecratio, indican propiamente el acto con el cual Dios toma posesión de la persona (que, habilitada por su don de gracia con el que Él la atrae, se da totalmente) imponiéndole su sello y constituyéndola su propiedad exclusiva.

De por sí, el valor de la consagración está en su dimensión descendente: el hombre es consagrado, recibe la consagración de Dios, que lo arrastra hacia sí y lo transforma interiormente para que pueda vivir la exigencia de un mundo superior.

3ª parada: El compromiso de la Profesión: “Observar el Santo Evangelio… en fraternidad”

La vocación a la OFS es una llamada a vivir el Evangelio en comunión fraterna Art 3.3

Aquí se injerta también el valor de los términos Profesión y Propósito y de la expresión Promesa de vida evangélica, presente en la Regla, en las Constituciones y en el Ritual de la Orden Franciscana Seglar para indicar el compromiso que los Franciscanos seglares asumen en la celebración de la Profesión.

En la Regla, en las Constituciones y en el Ritual de la Orden Franciscana Seglar los mismos términos indican el compromiso, también asumido delante de Dios y de la Iglesia, de observar el Evangelio a la manera de S. Francisco, expresado por parte de los laicos (casados y no casados) y de los miembros del clero secular, que, tanto los unos como los otros, normalmente no están vinculados por los votos de obediencia, pobreza y castidad ni se obligan con ellos, pero intentan vivir en las comunes condiciones del estado seglar.

El lenguaje de la Regla, de las Constituciones y del Ritual, y la realidad que con él se expresa no constituyen una novedad, porque de siempre la misma legislación de la Orden Franciscana Seglar y todas sus fuentes relacionadas han adoptado los términos promesa, propósito, Profesión.

El Memoriale Propositi de Honorio III habla repetidamente de promissio, promittere considenrando una verdadera y propia Profesión, con la cual, después del examen, la vestición y el año de prueba, se concluía la iniciación en la Orden.

Cumplido el año de prueba, la promesa constituía el ingreso canónico definitivo en la Fraternidad, y de ésta ya no se podía salir si no era para entrar en una Orden “religiosa” aprobada.

Esta prescripción está presente en la legislación de todos los religiosos de entonces, e indica la estima no sólo por la Regla de un determinado Instituto, sino también por la vida misma que en él se gobernaba con el soporte de la Regla. Los compromisos de la promesa-Profesión son, de hecho, para toda la vida y puedan cambiar sólo en razón de un crecimiento de intensidad (¡Esto no es un club, una asociación, que me apunto hasta cuando yo quiera y según me vaya!).

Todo lo manifestado hasta ahora, en relación a la primitiva legislación de la Tercera Orden Franciscana, nos lleva a centrar los elementos constitutivos de la Profesión de los Hermanos y de las Hermanas de la Penitencia.

Ella conlleva:

a) una obligación contraída ante Dios;
b) el compromiso de observar una forma de vida o Regla;
c) la incorporación definitiva a la Orden.

Los mismos elementos son constitutivos también de la Profesión de los religiosos y esto induce a pensar que el propositum vitae o la promissio de los Penitentes Seglares franciscanos equivalen a una Profesión religiosa.

De esto se deduce que, pese a no tratarse de Orden religiosa en sentido estricto, la consideración de “Orden” es apropiada para la Fraternidad Seglar Franciscana. Si por una parte en ella no se requiere ni la vida común ni los votos, por otra la misma “Orden de la Penitencia” tiene una Regla aprobada de la Sede Apostólica, un noviciado y una Profesión irreversible: es, entonces, una Orden religiosa en sentido amplio o una Orden Seglar.

Consecuentemente, los Penitentes franciscanos de los orígenes no son unos “laicos” o simples fieles; son en cambio “religiosos seglares”, y como tales, pertenecían al estado eclesiástico. De hecho, el “laico” se contrapone al “clérigo”, como el “seglar” se contrapone al “regular”. Es “seglar” el que vive en el saeculum (mundo), sea un laico, un clérigo o un religioso. En cambio, es un “regular” el que vive en un monasterio o en un convento o, de cualquier modo, en una comunidad ligada a la iglesia; el “regular”, a su vez, puede ser sólo religioso o también clérigo.

A lo largo de los siglos, la Orden Franciscana Seglar no sólo ha mantenido la terminología (promissio, promittere) de la primitiva legislación, sino que progresivamente ha ido prefiriendo el uso de Profesión para indicar el compromiso de vida evangélica según la Regla aprobada.

De esto se puede deducir que la fuerte convicción de los orígenes, según la cual la promesa de los Hermanos y de las Hermanas de la Penitencia constituye una real y propia Profesión, haya acompañado constantemente a la conciencia de la Orden Franciscana Seglar.

La misma lúcida conciencia no sólo queda inalterada, sino constatada con mayor vigor y claridad en la Regla de Pablo VI y en las sucesivas Constituciones aprobadas por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, sin olvidar el Ritual, también aprobado por la Congregación de los Sacramentos y del Culto Divino.

Por ello la Profesión en la Orden Franciscana Seglar tiene la dignidad propia de un compromiso solemne y religioso contraído ante Dios y ante la Iglesia, y no puede considerarse en un rango inferior respecto a la de los “religiosos”, salvo considerando siempre que las dos profesiones se diferencian en el contenido. Pero esto encuentra su origen y motivación sólo en la múltiple acción de la gracia divina y en la diversidad de los carismas.

Por otra parte, la Iglesia, aprobando con su autoridad apostólica la legislación fundamental que la Orden Tercera Franciscana ha tenido en el transcurso de los siglos, siempre ha reconocido y convalidado el sentir de la misma Orden acerca del valor de la Profesión en la Fraternidad Seglar Franciscana.

La Orden Franciscana Seglar es una “Orden laica, una Orden real, Ordo veri nominis” que constituye “una escuela de perfección cristiana integral”, precisamente como cada Instituto religioso. En esta “Orden real” se emite una “Profesión real”, que diferenciándose en cuanto al contenido (los votos) de la emitida en los Institutos Religiosos propiamente dichos, tiene su misma dignidad.

4ª Parada. - A la manera de Francisco

El segundo elemento que distingue la Profesión en la Orden Franciscana Seglar viene dado por la imprescindible referencia a San Francisco. Se promete, de hecho, vivir el Evangelio al estilo de San Francisco, siguiendo sus huellas, según su ejemplo y las indicaciones dadas por él, recogidas hoy en la Regla de la Orden Franciscana Seglar.

No por nada nos preocupa subrayar que los franciscanos seglares pretenden vivir el Evangelio al estilo de San Francisco con la ayuda de la presente Regla confirmada por la Iglesia (Regla 2; Cost 1,3; 8,1).

La Profesión en la Orden Franciscana Seglar tiene, por tanto, esta intrínseca configuración. Estamos frente a un enfoque o una óptica particular, de la que desprende que la vida de los franciscanos seglares depende del Evangelio mediatizado por la inspiración y la experiencia de Francisco de Asís, que desde el inicio de su conversión lo toma como norma de su vida y de su actuar.

Pero es necesario precisar que la intención de San Francisco era simplemente la de volver al Evangelio de Jesús.

Por ello, cada vocación franciscana es vocación evangélico-franciscana, no porque la experiencia de Francisco pretenda sustituir el Evangelio, sino porque su mediación consiste en hacerlo transparentemente.

Para los Franciscanos se trata entonces de copiar a Francisco y, como él, no conocer otra Regla ni otra vida que la del Evangelio de Jesús, porque en el origen de nuestra vocación está la mediación de Francisco.

La mediación franciscana del Evangelio se extiende a la Regla de la Orden Franciscana Seglar, a «esta Regla» (y no a otra), en cuanto «confirmada por la Iglesia». Con su suprema aprobación, la Iglesia hace propia la Regla de la Orden Franciscana Seglar (la Regla pertenece a la Iglesia; es res Ecclesiae) y con su autoridad la propone a los franciscanos seglares. De esta forma, la Iglesia no hace otra cosa que transmitir a los mismos franciscanos seglares el anuncio evangélico de la salvación y propone cuatro palabras (evangélicas) que, para los creyentes, son espíritu y vida.

Por tanto, para aquellos que emiten la Profesión en la Orden Franciscana Seglar con el fin de «alcanzar la perfección de la caridad en su estado seglar» (Regla 2), la referencia a Francisco, a la Regla y a las Constituciones no es facultativo, sino paradigmático y normativo.

Evidentemente todo depende del modo de entender y de vivir la vocación franciscana. Verdadera Vocación es aquella que abarca todo el ser de la persona, que se convierte en sustancia del mismo ser personal, hasta el punto que el individuo no puede autopensarse ni autodefinirse sino en cuanto llamado y, en el caso específico, en cuanto llamado a la vida evangélico-franciscana.

Regla y Constituciones, por tanto, no son realidades ajenas a la vida del franciscano seglar, sino, dependientes del Evangelio, son ellas mismas la vida del franciscano seglar. Mejor dicho, más que de Regla se deberá hablar de «vida», asumiendo en plenitud la concesión de San Francisco, por la cual la vida es observar el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

A sus compañeros y seguidores, sean religiosos/as o seglares, no intentó presentar normas a practicar, sino simplemente propuso una vida, la que brota del Evangelio. Consecuentemente, en sus Escritos, Francisco, más que de Regla habla de «vida» («Esta es la vida del Evangelio de Jesucristo, que el hermano Francisco pide al Señor Papa Inocencio le fuera concedida y confirmada»: Rnb; FF 2) y cuando habla de Regla, a veces une Regla y Vida (cfr Rb; FF 75). Para Francisco Regla es solamente el Evangelio que se ha de vivir y observar textualmente e integralmente. Deriva de esto el dictado de la Regla de la OFS: «La Regla y la vida de los franciscanos seglares es ésta: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo siguiendo el ejemplo de Francisco de Asís» (Regla 4).

En conclusión, la Profesión en la Orden Franciscana Seglar como promesa de vida evangélica al estilo de San Francisco pretende poner ante los ojos de los hombres el estilo radical, iluminado y alegre con el que Francisco escucha el Evangelio y se compromete a vivirlo.

 

- ARTICLE ESCRIT PER FRANCISCO JAVIER CONEJO, OFS,
PUBLICAT AL BUTLLETÍ DE L’ORDE FRANCISCÀ SECULAR DE CATALUNYA.
ANY 26 – MARÇ 2021 - NÚM. 242.

 

DESDE MI RINCÓN (Febrero 2021)

 FRANCISCO JAVIER CONEJO, OFS


Hoy me gustaría compartir con vosotros un testimonio de una hermana nuestra, Natalia Martín, de la fraternidad de Pamplona: 

Otra franciscana seglar en el mundo.

 

"Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy. Para cada persona guarda un rayo nuevo de luz el sol... y un camino virgen Dios." – León Felipe –

¿Cuál es el mejor carisma? Y ¿por qué el franciscano?

El pasado 22 de octubre profesé en la Orden Franciscana Seglar (OFS). Esto significa que me comprometí a vivir el Evangelio al estilo de Francisco de Asís, en fraternidad y como laica. Hacía tiempo que quería compartir esto por escrito, pero las palabras siempre se me quedan cortas y no trasmiten lo que me gustaría. Aun así, lo voy a intentar, sabiendo que hay ciertas cosas que no se pueden explicar y deben quedarse para la intimidad personal.

Me llena de ternura saber que Francisco tomó mi mano hace tiempo y que ni siquiera lo había notado. Es increíble sentir su presencia sencilla a lo largo de mi historia, entre renglones torcidos y callejones sin salida, que me obligaron a retroceder hasta descubrir de nuevo las pistas que me guiaban por la ruta acertada. Es bonito escuchar ese clic interior, cuando esa pieza de formas y dimensiones concretas, encaja perfectamente en el espacio vacío que se oxidaba dentro de mí. Y tiene sentido por qué tantas veces, otras voces no me terminaban de convencer, aunque las admirase.

Ahora soy consciente de la exigencia que implica ser buscadora, la libertad de no perder esa actitud curiosa y rebelde, que no se deja llevar por los consejos y opiniones de quienes creen estar llenos de certezas sobre una misma. Llegas a pensar que quizás eres demasiado rara, que esa sed de algo más es sólo insatisfacción y no hay un hueco para ti. Pero sí, siempre lo hay, a pesar de las dudas y el temor a equivocarse. El proceso es necesario ¡y también se celebra! ¡También es un regalo! Además, con este paso no termina la búsqueda, al contrario, comienza la aventura. La aventura de imitar a Francisco en su seguimiento de Jesús, un Dios mendigo. ¿Hay camino más utópico y apasionante? ¿No es cierto que lo que merece ilusión y ganas tiene su dosis de idealismo?.

"Todo es don". Durante este mes, se me repetía constantemente esta letanía. Y lo experimento realmente, con la seguridad de haber sido escogida por lo que soy. No importa con quién esté o qué haya que hacer. El flechazo va al centro de quién soy. Por eso, la alegría es tan expansiva y nace de lo más profundo, de ese cuarto oscuro interno al que no se suele acudir, pero donde se guarda lo más valioso. Aunque con el transcurso de los días, entiendo que toca descender de la montaña de la felicidad para palpar tierra firme, a pesar de que el cielo parezca más lejano.

Sin embargo, la experiencia se me ha quedado grabada a fuego en la memoria. Y permanece un eco que me enseña a disfrutar de los milagros cotidianos: de los amaneceres tardíos, de la lluvia fina que me empapa cuando regreso del trabajo sin paraguas; de cuidar personas cuyas heridas no me resultan ajenas y de luchar por las causas justas sin perder la paz ni la identidad; de las conversaciones sin trascendencia y de la risa contagiosa de los niños; del arrullo del río o del recital de poesía que nos brinda este otoño de fantasía. Es imposible no vivir desde esta serena alegría mientras se conserve la mirada agradecida. Esperanza y gratitud son las dos caras de una misma moneda.

Por último, no se explica este sentimiento de pertenencia, sin Francisco y sin el ensanchamiento de corazón que me provoca desde los inicios oír hablar de él, leer sus escritos o la Regla. Por no mencionar el testimonio de muchos frailes, que hicieron crecer esta semillita franciscana.

Francisco me ha enamorado, sin ser yo una estudiosa de su figura o su espiritualidad (¡qué más quisiera!). No deja de sorprenderme cómo un hombre de la Edad Media tiene tanto que decirme hoy.

Pero si tuviera que resaltar un aspecto que me encantaría lograr imitar sería el espíritu de infancia, ese ser pobre de espíritu, esa simplicidad. Francisco era un hombre simple, un hermano menor en permanente proceso de kénosis (abajamiento, vaciamiento, donación). Él se hace pequeñito, evoca la mansedumbre del Cordero, y desde esa posición puede acercarse a todas las personas (fraternidad), de manera preferente a las más vulnerables, de igual a igual. Y esa minoridad, también le da una gran libertad interior, le permite ser auténtico, con sus debilidades y talentos... Elemento clave para vivir la pobreza y la verdadera alegría.

Es un desafío estupendo... Habrá caídas, habrá errores, incluso obstáculos que nunca pueda superar. ¿A quién le importa? Es posible ir por la vida siendo frágil. Es posible vivir en armonía. ¡Vamos, que se puede!

Y gracias.

Gracias al Señor. Siempre podremos hablar Tú y yo desde el recuerdo de este regalo inmerecido. Será un pilar ungido al que retornar.

Gracias a Francisco, a Clara, a José de Cupertino... por ser modelos tan bonicos.

Y gracias a todas las personas que han mediado, que me han ayudado a conocer, han permanecido ante mis dudas... por darme tantas oportunidades y haber sido los mejores lápices en este cuento.

¡Qué la Paz y el Bien os acompañen!

«Lo más terrible que quizá haya sido pronunciado contra nuestro tiempo es: “Hemos perdido la ingenuidad”. Decir eso no es condenar necesariamente el progreso de las ciencias y de las técnicas de que está tan orgulloso nuestro mundo. El progreso es en sí admirable. […] Pero el ser humano, enorgullecido de su ciencia y de sus técnicas, ha perdido algo de su simplicidad. En algunas horas de lucidez, la persona comprende que nada podrá darle una alegre y profunda confianza en la vida, a menos que recurra a una fuente que sea al mismo tiempo una vuelta al espíritu de infancia. La palabra del Evangelio no ha aparecido jamás tan cargada de verdad humana: “Si no os hacéis como niños…” Y de esto mismo fue imagen San Francisco: "- Es preciso simplemente no guardar nada de sí mismo –respondió Francisco– Barrerlo todo, aun esa percepción aguda de nuestra miseria; dejar sitio libre; aceptar el ser pobre; renunciar a todo lo que pesa; no ver más que la gloria del Señor y dejarse irradiar por ella. Dios es, eso basta. El corazón se hace entonces ligero, no se siente ya el mismo, como la alondra embriagada de espacio y de azul. Ha abandonado todo cuidado, toda inquietud. Su deseo de perfección se ha cambiado en un simple y puro querer a Dios».

-Fragmento de "Sabiduría de un pobre" (Eloi Leclerc) 

 

- ARTICLE ESCRIT PER FRANCISCO JAVIER CONEJO, OFS,
PUBLICAT AL BUTLLETÍ DE L’ORDE FRANCISCÀ SECULAR DE CATALUNYA.
ANY 26 – FEBRER 2021 - NÚM. 241.

  



 

DESDE MI RINCÓN (Diciembre 2020)

FRANCISCO JAVIER CONEJO, OFS


Hoy me gustaría invitaros a orar a través del siguiente soneto, que a buen seguro os resulta conocido. Hazlo como si fuera la primera vez que lo lees, profundiza en su significado. Guarda silencio…


No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéreme ver tu cuerpo tan herido,

muévanme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porqué te quiera,

pues, aunque lo que espero no esperaba,

lo mismo que te quiero te quisiera.

 

El soneto es de autor desconocido, aunque se les ha atribuido a diversos autores: Santa Teresa, San Francisco Javier, San Ignacio de Loyola y a otros.

El poema expresa el puro amor a Dios, al que el autor ofrece amar sin necesidad de un premio eterno (cielo) y temer sin necesidad de la amenaza de un castigo eterno (infierno).

El amor a Dios, desde mi punto de vista, no puede estar basado en el premio que pueda tener (el cielo) o el castigo que pueda sufrir (el infierno) (creo que el castigo te lo da el propio pecado).

Lo que debe mover querer a Dios es el inmenso AMOR que Dios tiene con cada uno de nosotros. Sin merecerlo, a pesar de nuestras miserias humanas.

Me gustaría resaltar dos acciones de este Dios que nos transciende, que es principio y fin, alfa y omega: la primera es que este Dios no reserva nada y ofrece a su Hijo, que muere en una cruz para salvarnos. “No hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. Con este acto de AMOR y con la resurrección Cristo inauguró una nueva dimensión del ser, de la vida, Cristo vence al pecado, vence a la muerte.

Otro acto que me gustaría resaltar, fruto del AMOR de Dios, es que todo un Dios se baja y se rebaja, y se queda en una forma de pan en la Eucaristía. San Francisco lo resaltaba: “Mirad la humildad de Dios y derramad ante Él vuestro corazón. Tiemble el hombre entero, se estremezca el mundo y exulte el cielo cuando Cristo, el Hijo de Dios vivo se encuentra sobre el altar. ¡Oh sublime humildad! que el Señor del universo Dios e Hijo de Dios se humilla hasta el punto de esconderse bajo una pequeña forma de pan para nuestra salvación.

Ante este derroche de AMOR y humildad no nos queda nada más que intentar corresponderle desde nuestra poquedad, y unirnos a su AMOR.

 

- ARTICLE ESCRIT PER FRANCISCO JAVIER CONEJO, OFS,
PUBLICAT AL BUTLLETÍ DE L’ORDE FRANCISCÀ SECULAR DE CATALUNYA.
ANY 25 – DESEMBRE 2020 - NÚM. 239. 

FRANCESC D'ASSÍS. Rosa Recasens (Resident d'Assís).

FRANCESC D’ASSÍS.


Francesc d’Assís:

de cavaller a humil servent;

d’home ric a home pobre;

de ser admirat a ser incomprès;

d’home savi a servidor humil...

¿Com t’ho has fet, amic,

per encarnar-te amb tot el que és senzill?

Ho vas deixar tot en un tombant del camí.

Ja m’ho vas dir:

Per poder ser lliure

quan sortia el sol cada matí,

tu vas canviar l’espasa pel bastó,

vas canviar les bravates per la senzillesa de cor,

vas convertir els diners amb les mans plenes de buidor,

vas transfigurar vestits luxosos amb un hàbit senzill,

i també vas canviar la glòria per l’anonimat,

i el soroll del món pel silenci de la pregària,

i el xerricar del xerrac pel gran do de saber escoltar,

i els palaus per una cabana.

Vas abandonar tot el que tenies. Tot, i nu,

desposseït d’obstacles i dificultats, vas aixoplugar-te,

vas estar amatent, vas alleugerir-te a l’ombra de la creu,

i ja vas tenir-ne prou per mutilar els entrebancs

i no estar subjugat en aquella època d’abans.

Eres amic de les flors boscanes,

no et destorbaven els animalets del bosc,

ni t’esfereïen les feres més feres.

Estimaves l’herba i els fruits terrestres.

Als homes i les dones, com tot el que forma la natura,

els anomenaves germans.

Tenies amistat amb l’aigua i el boscatge.

I també eres amic del sol, la lluna i les estrelles.

Tots i totes et comprenien,

no només perquè són belles,

sinó perquè no són aquelles persones

que es creuen o ens creiem tenir molt de seny

i moltes coses ambicionem i desitgem. 

I tu, enmig del refilar d’ocells

corejats per altres animals del bosc,

tu també cantussejaves

quan et mudaves

al tros del teu nou habitatge,

captivat per Jesús el Natzarè i pel Regne

que Ell predicava, ja que era una nova vida

seguint el seu missatge.

I tan captivat i enamorat estaves,

que clavares a la terra

les arrels de la Madona Pobresa.

La comunitat, l’església autèntica, pura, pobra,

d’autèntica bellesa,

senzillament, perquè tenia per sostre l’univers

i les parets i el terra la naturalesa..

Les regaves amb tanta estima

i tanta, tanta tendresa que...

passà un dia i un altre dia,

passà la nit i altra nit passaren,

vingueren núvols i tempestes, freds i calorades,

però les arrels per sota terra feien el seu camí.

Tu, per sobre la terra germana, regaves un nou destí.

I un bon dia sortirien els primers brots,

i un altre dia més i més, no només Franciscans Caputxins,

o si voleu dir-ne tots els Frares i senzills germans,

que han donat i donen al món una vida cristiana assenyada,

compromesa, sense boires...

Gràcies, germans i germanes,

perquè també hi havia dones,

com Clara, disposada, ferma,

també de Jesús captivada.

I... si ara no n’hi haguessin tants,

no passa res, no passa res...

Ja vindran temps millors després.

Ara contemplem els ulls i el tarannà

de les persones que d’ells hem après.

Rosa Recasens (Resident d’Assís)

Text llegit a la Missa de la celebració de Sant Francesc d’Assís (7/10/21)

PUBLICAT AL BUTLLETÍ DE L’ORDE FRANCISCÀ SECULAR DE CATALUNYA.
ANY 26 – DESEMBRE 2021 - NÚM. 250.