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FORMACIÓN: ACOMPAÑAR PARA VIVIR - La figura del Acompañante Espiritual - ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL.

FORMACIÓN: ACOMPAÑAR PARA VIVIR
La figura del Acompañante Espiritual
ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL

Francisco Javier Conejo Salvador, OFS

 

Una primera aproximación nos la permiten tres textos del Nuevo Testamento que nos ayudan a comprender mejor en qué consiste el acompañamiento.

- Los discípulos de Emaús.(Lc 24,13-35).

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: "¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?" Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: "¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?" Él les pregunto: "¿Qué?" Ellos le contestaron: "Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron." Entonces Jesús les dijo: "¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?" Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída." Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?" Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: "Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón." Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

El acompañamiento es el encuentro entre caminantes que van compartiendo historias de vida, esperanzas y frustraciones, ganas de trascender. En medio del desencanto se cruza un caminante nuevo que pregunta: ¿qué van conversando? En el acompañamiento las preguntas son fundamentales: ¿en qué estás? -¿para dónde vas?, como también la capacidad de recibir, de escuchar y posteriormente de elucidar, de ayudar a releer la realidad con ojos nuevos para terminar celebrando.

- El Buen Pastor. (Jn 10,1-16).

"Os aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz". Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Entonces Jesús prosiguió: "Les aseguró que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia. Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al Lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas. Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí — como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre—y doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor”.

El evangelista presenta a Jesucristo como acompañante y muestra los rasgos que lo constituyen en maestro, en un discernidor de espíritus. Conoce las ovejas, sabe lo que son y viven, lo que las motiva; las alimenta y les da de beber para que tengan vida. Sabe cuál es el alimento que conviene y dónde está la fuente de donde brota la vida. Cuida las heridas y sale a encontrar a las que se pierden. El acompañamiento es una experiencia profundamente humana de cercanía, de conocimiento, de intercambio, de ternura, en la que el acompañado pone su historia, sus sueños, sus búsquedas en las manos del acompañante. Es un servicio radical que toma tiempo y esfuerzo. El acompañante no es un consultor, sino que es necesario que dé la vida por las ovejas; acompaña y toma las dimensiones más profundas de nuestro amor.

Gálatas 4,l9-20:

"Hijos míos, de nuevo sufro los dolores de parto hasta que Cristo tome forma en vosotros. Cuanto desearía estar con vosotros para adaptar mi lenguaje, ya no sé cómo hablaros".

Pablo no había podido ayudar a los gálatas a configurarse con Cristo. Esa es nuestra tarea, explicitar a Cristo en la historia, en la vida, en los sueños de un hombre o de una mujer, de manera que esta experiencia de fe sea una fuente de vida que impregne todo el quehacer del acompañado.

El acompañamiento es una experiencia religiosa de encuentro en el que el acompañado plantea qué está pasando en el hoy de su vida, para que junto con el acompañante pueda reconocer quién es, qué quiere y dónde se encuentra en el camino que lo lleva a la adultez en Cristo. Estos encuentros se caracterizan por ser periódicos y sistemáticos, dado que no se puede discernir la vida y la obra del Espíritu de una vez. Se requiere de tiempo y de recorrer distintas áreas de la vida. El acompañado tiene que descubrir su ser más profundo y su evolución, de manera que el acompañante pueda entrever su realidad espiritual y su misterio, cómo Dios va operando en él o ella. En el acompañamiento lo que importa es la persona más que los problemas que presenta: ¿quién es la persona que tiene dificultades? ¿cómo vive los problemas? ¿qué fuerzas tiene? ¿cómo es su historia espiritual? El acompañamiento siempre va a tener una valoración de lo interpersonal como el lugar privilegiado de encuentro y descubrimiento de la realidad misteriosa del acompañado. Vivimos en la cultura de la eficiencia en la resolución de problemas, en el ofrecer luces para que el otro salga adelante como pueda. El experto se centra en los problemas, el acompañante en la persona.

El acompañamiento es un lugar de Gracia, de verdad y de solidaridad fraternal. El acompañamiento es un lugar de Gracia por el intercambio de vida y, como el amor de Dios, pasa mediado por el cariño y la comprensión, la experiencia y la lectura novedosa que hace el acompañado de su vida.

El acompañamiento nos libera de la soledad y del encierro haciéndonos crecer en transparencia. Llegamos a ser personas llenas de luz y claridad, signos delicados del amor de Dios, de su gracia salvadora. Al exponer la vida a los ojos del acompañante también crecemos en verdad y ello nos permite ver con sus ojos nuevos nuestra propia vida. Al compartir con otro, veo con ojos nuevos lo que vivo, lo que soy, lo que quiero y salgo de la confusión y/o la vaguedad que son caminos que nos sugiere el maligno.

Somos peregrinos de principio a fin, caminantes, y, cuando hacemos el camino solos, podemos caer fácilmente en manos de asaltantes. En el acompañamiento ponemos la vida en las manos de otro y vamos haciendo camino juntos. Así ese otro puede reflejar, comentar, discernir la obra de Dios y denunciar, indicar el mal espíritu, la cizaña. Esta es una manera fraternal y solidaria de recorrer el camino.

 


 

- ARTICLE ESCRIT PER FRANCISCO JAVIER CONEJO, OFS,
PUBLICAT AL BUTLLETÍ DE L’ORDE FRANCISCÀ SECULAR DE CATALUNYA.
ANY 28 – FEBRER 2023 - NÚM. 263.