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FORMACIÓN: ACOMPAÑAR PARA VIVIR - La figura del Acompañante Espiritual - EL ACOMPAÑANTE, TESTIGO DEL AMOR DE DIOS (3).

 

Formación: Acompañar para vivir
La figura del acompañante espiritual
EL ACOMPAÑANTE, TESTIGO DEL AMOR DE DIOS.

 

Francisco Javier Conejo Salvador, OFS


C). Requisitos para el acompañante.

1.-Ser una persona verdadera y congruente.

Es preciso cuidar que no haya una distancia grande entre lo que se piensa, se dice, se siente y se cree. Esta congruencia es lo que le da al acompañante peso de vida y confiabilidad. Es necesario tener conciencia de las propias contradicciones y límites, sin que esto quite libertad para invitar al acompañado a ir más allá en el camino espiritual. No se requiere ser perfecto para ser un acompañante sino sólo ser un peregrino.

 2.-Conocer, asumir y ejercer sus habilidades.

Es muy importante hacerse cargo y gozar de las habilidades que Dios nos hadado y que hemos podido cultivar y ejercer. Hay algunas habilidades indispensables para el proceso de acompañamiento.

a).-Capacidad de escuchar, no sólo con el oído sino con el corazón. Esto es permitir que lo que el acompañado dice y es, entre en mi interior y toque mi propio misterio. No es sólo recibir, ponerse pasivamente delante de otro, sino acoger activamente lo que dice y lo que no sabe decir o no se atreve a decir. Es estar atento constantemente a todo su cuerpo y sus gestos que van diciendo lo que es y lo que vive, sus deseos y temores. Por eso acompañar cansa emocionalmente.

b).- Capacidad de entrar en el mundo del otro y así desentrañar su riqueza. Uno entra y sigue al otro en su proceso interior. Es lo que se llama empatía, y para ello es importante aprender a preguntar con preguntas que abren el campo, aprender a reflejar lo que vemos y entendemos, aprender a compartir algunos comentarios que brotan de nuestra profundidad.

c).-Capacidad para contener, para acoger el contenido emocional que trae el acompañado: aflicciones, anhelos, rabias, desencantos, entusiasmos. A veces es necesario poner límites a la descarga emocional para que se pueda comprender de manera nueva vivencias intensas.

d).- Capacidad de creer en las propias intenciones. Es creer que el Espíritu Santo trabaja también el corazón del acompañante y suscita en él intuiciones y maneras de leer lo que está viviendo el acompañado que, al compartirlas, le constituyen en recurso y testigo de la obra de Dios. A veces son preguntas, comentarios, imágenes, o vienen a la memoria textos bíblicos que iluminan la realidad y que tienen su origen en nuestro trasfondo.

e).- Capacidad de tener paciencia, de saber esperar: "los tiempos míos no son los tiempos del otro". Se requiere respetar la libertad del otro, para que recorra los caminos al ritmo que pueda y quiera hacerlo. Es necesario aprender a guardar silencio y a estar confundido. Esto cuesta mucho, ya que quisiéramos dirigir y controlar los distintos momentos de nuestra propia vida y de la vida de los demás.

3.- Aprender a ser libre de sí.

Hay que decidir ir más allá de mis preocupaciones, de mis temores, de mis propios apuros, ya que éstos me quitan fuerza y presencia. Si cuento con cuarenta y cinco minutos para un acompañado, es necesario que esté completamente para él; no puedo estar pensando qué voy a hacer enseguida o reflexionar sobre lo que viví con anterioridad. Una de las libertades importantes que debemos tener, es la de nuestra curiosidad. Esta nos centra en nosotros mismos, ya que las intervenciones que hacemos están al servicio de nuestro propio interés. Buscamos comparar con lo que somos o hemos vivido, queremos saber cómo otro ha vivido o resuelto algunas dificultades que nosotros también tenemos.

 4.-Cuidar de tener una mirada global.

El acompañado trae un problema, una pena, una pregunta, una experiencia espiritual. Una tentación del acompañante es permanecer en ese punto, sin formarse una idea más completa de todo lo que está viviendo simultáneamente la persona, de manera a poder contextualizar la pregunta, el problema, etc. No podemos quedarnos en aspectos parciales de la vivencia de una persona. Tenemos obligación y derecho de ubicarnos. A veces por timidez, el acompañado va planteando detalles, postergando lo que realmente le preocupa, y al final no queda tiempo para lo importante.

(“Acompañar para vivir”, de Fray Buiza).

- ARTICLE ESCRIT PER FRANCISCO JAVIER CONEJO, OFS,

PUBLICAT AL BUTLLETÍ DE L’ORDE FRANCISCÀ SECULAR DE CATALUNYA.
ANY 28 – SETEMBRE 2023 - NÚM. 268.