CAPÍTOL DE LES ESTORES –
BARCELONA 2026.
Conferencia de JOSEP MARIA ESQUIROL:
La inspiración franciscana de mi pensamiento.
Carmen
Aravena Oñate, OFS
Josep Maria Esquirol Calaf (Mediona,
1963) es filósofo, ensayista y catedrático de filosofía de la Universidad de
Barcelona. Dirige el grupo de investigación Aporía, cuyo campo de estudio se
centra en la filosofía contemporánea y, más concretamente, en la relación entre
filosofía y psiquiatría. Es autor de múltiples libros reconocidos en este
campo, los cuales conforman su propuesta filosófica; es destacable La
resistencia íntima, libro por el cual obtuvo el Premio Ciudad de Barcelona
(2015), y también el Premio Nacional de Ensayo (2016), concedido por el
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Josep Maria Esquirol ha elaborado
una propuesta filosófica propia que ha distinguido como 'filosofía de la
proximidad'. Se trata de una antropología filosófica con resonancias socráticas
y franciscanas, expresada mediante un lenguaje muy próximo a la experiencia, y
en intenso diálogo con autores contemporáneos.
PRESENTACION DE LA CONFERENCIA.
En este primer día de la semana, al
inicio de este domingo, tengo el regalo de presentar a un hermano y a un amigo:
Josep María Esquirol. Muchos de vosotros lo conocéis, no solo por su nombre o
por su reconocimiento público, sino —que es lo verdaderamente importante— por
su persona: por lo que piensa, por lo que vive y por lo que ha escrito. Muchos
habéis frecuentado sus libros, y por eso no resulta extraño que, en un
encuentro franciscano, un pensador como él venga a compartir con nosotros su
pensamiento, tan profundamente enraizado en horizontes franciscanos.
Josep María Esquirol nació en el mismo
pueblo en el que vive, o vive en el pueblo en el que nació, algo muy
significativo de su manera de pensar y de vivir. Es catedrático de la
Universidad de Barcelona y ha dedicado su vida a la docencia y al pensamiento
entendido como un arte inseparable del arte de vivir.
De su abundante obra, basta mencionar
cuatro títulos recientes que expresan con claridad su proyecto intelectual y
vital, tan cercano a nuestra espiritualidad: La resistencia íntima, La
penúltima bondad, Humano, más humano y La escuela del alma. Son títulos que se
encadenan como las piedras de un camino, construyendo un lugar habitable para
el tránsito de la existencia.
Josep María es para mí un hermano y un
amigo, y doy gracias por poder compartir hoy con vosotros su palabra.
RESUMEN DE LA CONFERENCIA.
Josep Maria Esquirol comenzó su
intervención señalando que quizá la mejor manera de explicar una vida no sea
narrar hechos cronológicos, sino describir los encuentros verdaderos que la han
ido configurando. Él mismo recordó cómo, con diecinueve años, al iniciar sus
estudios de Filosofía en la Universidad de Barcelona, un compañero —Agustín—
interrumpió la carrera para entrar en el noviciado franciscano. A partir de ese
momento comenzó su cercanía al mundo franciscano, no tanto por los textos como
por la manera de vivir de los frailes, una experiencia que ha marcado toda su
vida y su pensamiento.
Definiendo su filosofía, Esquirol habló
de una “filosofía de la proximidad”, de raíz socrática y franciscana. Una
filosofía que parte siempre de lo concreto: de las personas concretas, únicas e
irrepetibles. La abstracción es necesaria, pero nunca debe desconectarse de lo
concreto; cuando esto ocurre, el pensamiento se vuelve frío y confuso,
especialmente en el mundo académico.
La proximidad no es un concepto
estático, sino un verbo: aproximarse. Es el ser humano quien crea proximidad al
aproximarse al otro y convertirlo en prójimo. Esta capacidad de generar
cercanía funda la fraternidad y transforma nuestra relación con las personas y
con las cosas, que dejan de ser objetos para convertirse en algo propio y
querido.
Otro eje central es la horizontalidad.
Cada persona es una pequeña vertical precaria, asentada sobre una misma tierra
común. Nadie está por encima de nadie. Esta imagen expresa bien la minoridad
franciscana: no como disminución del ser, sino como una forma de estar en el
mundo que evita la dominación y la subordinación. Vivimos unos junto a otros,
sosteniéndonos mediante vínculos.
Estos vínculos —las “junturas”— no
fusionan ni confunden, sino que unen respetando la singularidad. Nadie se
sostiene solo: sin vínculos no hay vida humana verdadera. Por eso, la cultura
nace del encuentro y de la relación.
Esquirol subrayó también la importancia
de la mansedumbre, la dulzura y la amabilidad, no como técnicas aprendidas,
sino como una manera de ser que se contagia. Francisco de Asís no enseñaba
métodos de pacificación: encarnaba una forma pacífica de estar en el mundo. Sin
personas que testimonien una determinada manera de vivir, las técnicas por sí
solas no transforman la sociedad.
Por último, reflexionó sobre la
violencia, entendida como una manera de ser que no deja ser. Frente a ella,
propuso una forma de ser que deja espacio al otro, que permite al otro existir.
La minoridad no disminuye el ser, sino que lo incrementa, porque hace posible
el bien y la convivencia.
Su pensamiento y su vida —concluyó—
están profundamente marcados por el franciscanismo, no solo por los libros,
sino por los encuentros con personas concretas. De esos encuentros nace la
gratitud y la certeza de formar parte de una misma conspiración de humanidad
compartida.








